"Es importante soñar que un mundo mejor es posible"

20 de Mayo de 2015

Fernando Murillo es arquitecto, Doctor en Planificación Urbana y Regional, especializado en temas urbano-habitacionales con foco en comunidades desplazadas. Siendo parte del equipo de voluntarios de Cascos Blancos, se desempeñó como líder de proyecto de planeamiento territorial en Palestina, en la Franja de Gaza entre 1997 y 1998 y en West Bank en 1999. 

“Conocí a Cascos Blancos a fines de 1996, cuando una colega arquitecta docente me habló de que había un proyecto y me sugirió que presentara mi cv. Lo hice y a la semana me llamaron para la misión en Franja de Gaza”, cuenta Murillo. “En 15 días tuvimos una serie de reuniones de inducción, participé de la jornada de CAECOPAZ y de entrenamientos. Me llamó la atención el nivel de preparación y formación del proyecto. Tenía algunos temores acerca de lo que podría pasar en Medio Oriente pero me encontré con una metodología muy profesional”, agrega.

Con el propósito de dar apoyo técnico en el planeamiento urbano y el sistema de información geográfico a partir de la explosión demográfica de las ciudades, se envió una misión con tres voluntarios, que llevaron adelante planes de infraestructura, saneamiento e iluminación pública.

Allí, Murillo participó desde el relevamiento sobre las condiciones habitacionales hasta el desarrollo de prototipos.  

“Está bueno ser idealista y poner el dedo en las cosas que hay que señalar, pero también es  importante ser consciente de la pertenencia de los problemas”, reflexiona. “Cuando estábamos haciendo el relevamiento en las comunidades, me encontré con una familia de refugiados donde los cuatro hijos eran discapacitados. Teníamos una planilla en la que se ponían las condiciones de vida y cuando nos encontramos con este cuadro, rápidamente, quisimos que la familia fuera beneficiaria de las casas que íbamos a levantar. Vivían en condiciones muy precarias, prácticamente bajo un techo de chapa, pero se negaban a recibir ayuda porque para ellos el hogar era esa chapa, porque habían vivido ahí desde siempre y no podían imaginarse en otro lugar”, cuenta. “Es importante entender que esto tenía que ver con su propia identidad y que también forma parte del proceso complejo que es llevar ayuda a un lugar, que excede las cuestiones técnicas y tiene que ver con un entramado psicológico y social”, remarca el arquitecto.

“Creo que llevamos algún nivel de conocimiento técnico y ganas de articular entre los diferentes actores locales. Y a su vez, me traje una experiencia humana muy valiosa y un conocimiento de aporte para la Argentina… Porque los voluntarios, cuando volvemos de las misiones, tenemos una mejor capacidad para trabajar en nuestro país”, señala.

“Ser voluntario es poder hacer cosas por los demás por fuera de la trama cotidiana, sentir que pudiste hacer algo por los demás. Y a la vez, la sola decisión de ir a ayudar te hace sentir satisfecho. Uno es embajador de su propio país con lo cual sentís que también aportás a tu patria y a tu comunidad. Creo que es importante darnos a nosotros una cuota de idealismo como para soñar que un mundo mejor es posible”.

Ver más Editorial y Entrevistas